Summary: En los últimos años se están produciendo una serie de cambios en el sistema productivo: nuevas formas de organización del trabajo, aumento de los cambios tecnológicos, innovación en los procesos y en los productos, aumento de la movilidad laboral… Todos estos factores están provocando que la formación se haya convertido en un elemento clave en las organizaciones.Es aquí donde la evaluación de la Formación Continua adquiere un gran protagonismo. Sin embargo este protagonismo, hasta el momento, no se ha visto reflejado en acciones concretas y sistemáticas. Es decir, hoy en día, no existe una cultura de la evaluación de la Formación Continua en las empresas. Con este módulo se pretende corregir este déficit fomativo.
La evaluación queda como el gran reto de la gestión de la Formación Continua. Las actividades evaluativas, como páginas después desarrollaremos, se restringen fundamentalmente al proceso de impartición y al aprendizaje. Y muchas veces, los centros de enseñanza son los encargados de gestionar de modo íntegro tales prácticas de evaluación. Según Ikertalde (2002), las actividades de evaluación de la Formación Continua comprenden las siguientes etapas: • Detección de necesidades de cualificación. • Diseño y planificación de las acciones formativas. • Proceso de impartición. • Proceso de aprendizaje. • Aplicación al puesto de trabajo. • Impacto sobre la empresa. Debemos matizar, no obstante, que la evaluación de la detección de necesidades de cualificación, por un lado, y la evaluación del diseño y la planificación de las acciones formativas, por otro, no son consideradas dentro de la mayor parte de las propuestas teóricas y metodológicas. Pero los objetivos y los contenidos de estas etapas evaluativas permitirían, sin lugar a dudas, un mayor conocimiento del proceso de gestión de la Formación Continua y facilitarían la determinación de medidas encaminadas a su mejora. Asimismo, en la praxis empresarial, estas seis etapas evaluativas no se desarrollan de manera diferenciada, exceptuando la evaluación del aprendizaje y en ocasiones también la evaluación del proceso de impartición. Esto que acabamos de mencionar puede ser también debido a que, estas dos, son las fases más consolidadas y desarrolladas, aunque sea por iniciativa de los centros de enseñanza. Hemos ya aclarado que las limitadas prácticas de evaluación se deben interpretar dentro de una falta general de cultura de gestión de la Formación Continua. La apuesta por medidas a favor del desarrollo de actividades de evaluación tiene que venir acompañada por la implementación de iniciativas más globales y que incidan sobre otros espacios de la gestión de la Formación Continua, es decir, en el diagnóstico de necesidades de cualificación, en la planificación y en la ejecución de las acciones formativas. Actualmente, tanto el diagnóstico de necesidades de cualificación como las prácticas de evaluación se distinguen en gran medida, además de por su carácter limitado, por su naturaleza informal. Son actividades poco planificadas y que no toman como referencia instrumentos metodológicos, como guiones y cuestionarios. De hecho la información que las empresas recopilan y analizan, relacionada con la evaluación del diagnóstico de necesidades de cualificación, con la planificación, con la aplicación y con el impacto de la Formación Continua, se consigue básicamente a través de procedimientos informales.