Una posible manera de medir la mantenibilidad de un software durante su proceso de construcción es medir la frecuencia de fallos debidos a efectos laterales producidos después de una modificación (X):
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siendo A el número de fallos debidos a efectos laterales detectados y corregidos y B= número total de fallos corregidos.
Cuanto mayor sea X es predecible que más difícil será de mantener en el futuro el sistema.





