Un sistema software es reparable si permite la corrección de sus defectos con una cantidad de trabajo limitada y razonable.
La reparabilidad se ve afectada por la cantidad y tamaño de los componentes o piezas. Un producto software que consiste en módulos bien diseñados es más fácil de analizar y reparar que uno monolítico, pero el incremento del número de módulos no implica un producto más reparable, ya que también aumenta la complejidad de las interconexiones entre módulos.
Así pues, se debe buscar un punto de equilibrio con la estructura de módulos más adecuada para garantizar la reparabilidad facilitando la localización y eliminación de los errores en unos pocos módulos.
Un software por mucho que se use no se gasta. Ya le podemos dar veces al botón de aceptar, que, en principio, no debería desgastarse y dejar de funcionar sin motivo aparente.




